Resbalón de la honradez ambiental

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El colmo de una campaña desesperada que intenta evitar el fin de un monopolio 

Por: Juan Llado

La comunidad ambientalista esta retada a producir declaraciones proteccionistas cuando haya justificación para ello. Pero de su redil solo salen acusaciones tremendistas que impiden el desarrollo económico.

Asistida por los medios, la comunidad ambientalista cuenta con una imagen de defensores a ultranza del medioambiente. Pero algunos ambientalistas exageran la nota y hasta distorsionan los hechos en su personal cruzada de protección ambiental. Estos últimos logran en ocasiones impedir el desarrollo de proyectos que beneficiarían la población. Para un ciudadano medianamente informado algunas de esas oposiciones carecen de asidero técnico. Entre estos lamentables casos figura el reciente alegato de que el propuesto Aeropuerto de Bávaro dejaría sin agua a Higüey.

El argumento es que dicho aeropuerto afectaría y contaminaría sus aguas subterráneas, provocando que Higuey y su Virgen de la Altagracia se queden completamente sin agua dulce. El declarante pide que el Ministerio Ambiente revise el caso y que el presidente de la República lo piense y analice, “que vean la necesidad de la protección de la zona y evalúen por qué se le entregó un permiso ambiental a una empresa que no cubrió por completo las prerrogativas para su solicitud y obtención.” Otros ambientalistas reclaman que área del aeropuerto sea declarada área protegida en la categoría de Monumento Natural. Importa pues enjuiciar el argumento de la contaminación y la consecuente falta de permiso ambiental.

No hay que ser un experto ambiental para impugnar las afirmaciones de marras. La contaminación del agua subterránea ocurre cuando la calidad natural del agua se degrada como resultado de la actividad humana. Bastaría con señalar que el acuífero de la zona de Bávaro es parte de la vasta área hidrogeológica de la Cordillera Oriental, conocida como “Acuífero del Este” (ver primera grafica). Todas las aguas subterráneas del acuífero están interconectadas, por lo que su utilización en cualquier punto del área afecta el resto de ese acuífero, donde la principal actividad humana es el turismo.

Según un estudio del MEPyD (2018), a nivel nacional “la actividad turística requiere entre 1–2% de la demanda total con tendencia hacia un ligero incremento.” “Pero el consumo turístico preocupa porque es aproximadamente tres veces más alto que el de la población. El Plan Hidrológico Nacional (2012) del INDHRIestimó en 1,000 litros el consumo diario por habitación hotelera. Pero otros reportan que un turista consume entre 800 y 900 litros de agua al día en promedio, el habitante nacional consume un promedio de 200-300 en las zonas urbanas y unos 185 litros en el área rural.” A medida que crece el turismo crece por tanto la demanda de agua.

 

 

 

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