Periodismo que informa vs el sicariato mediático que extorsiona

Karla Silverio
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“Cuando la información se convierte en una herramienta para presionar, intimidar o cobrar favores, deja de ser periodismo y se transforma en una amenaza para la reputación, la inversión y la democracia.”

PUNTA CANA. RD – El viejo diario era un sacerdotal compromiso social que se hacía parte del derecho a estar informado de manera correcta. Pero la involución social nos  ha traído un peligro trasatlántico…, «El Nuevo Periodismo» ha venido a ser casa de buitres hechos personas que con nombre de «Información» venden la extorsión.

La hotelería y el empresariado de Punta Cana – Bávaro ha venido a ser objeto de la más vil de las persecuciones y asechanzas de piratas de la mar mediática. Hombres y mujeres que navegan con micrófono en mano, pero con la brújula rota. No buscan la verdad. Buscan la factura.

Su modus operandi es elemental y cobarde: primero llega la «visita de cortesía». Después la «solicitud de apoyo institucional». Si la marca dice que no tiene presupuesto, si la empresa decide invertir su publicidad en otro lado, entonces comienza la cacería.

De repente esa empresa con 30 años de inversión, con miles de empleos y que sostiene la economía de Verón, Higüey y toda La Altagracia, se convierte en «el problema». Cada gotera se vuelve inundación. Cada queja de cliente se vuelve «escándalo nacional». Cada crisis menor es amplificada con saña, con resentimiento, con alevosía.

Son kamikazes de la comunicación. Están dispuestos a estrellarse ellos mismos con tal de arrastrar la imagen de una marca que se negó a pagar el peaje. Manipulan, acosan, presionan e intimidan. Y cuando no hay noticia, la fabrican. Cuando no hay crisis, la provocan.

¿A eso le llaman periodismo? No. Eso es extorsión con logo.

Lo más perverso es que se escudan en la libertad de expresión. Usan la tribuna pública para cobrar agravios personales y para ajustar cuentas privadas. Esperan como buitres el momento de crisis de una marca para caerle encima y negociar desde el daño.

¿Y quién defiende a esas empresas? Empresas que han levantado hoteles donde antes solo había cocotales. Empresas que le dan de comer a decenas de miles de familias dominicanas. Empresas que pagan impuestos, que apuestan al país, que dinamizan la economía nacional.

El nuevo Código Penal Dominicano al menos les puso un alto legal. Desde el artículo 208 al 211 castiga la difamación y la injuria. Sanciona a quien, con imputaciones falsas, atente contra el honor y la reputación.

Pero la ley llega tarde. Llega después de la portada, después del video viral, después del daño reputacional que toma años reparar.

¿Y quién castiga al oportunista antes? ¿Quién frena al medio que chantajea con «o me pautas o te quemo»? ¿Quién protege al empresariado serio del linchamiento orquestado desde una redacción?

La libertad de prensa no es patente de corso para destruir. Ser comunicador no te da derecho a ser juez, verdugo y cobrador en la misma semana.

Urge que los medios serios marquen distancia. Urge que el empresariado denuncie sin miedo. Porque cuando el periodismo se prostituye, perdemos todos. Pierde la democracia, pierde la inversión y pierde el país.

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