¿Por qué lo dulce del turismo se tiene que quedar en Punta Cana, Verón y Bávaro ?
Me dijo. Tomó otro sorbo de café y volvió a preguntar… ¿Por qué nos quieren convertir en patio trasero? Nos quieren dejar siendo un campo en una zona que vive del turismo.
Hoy el avispero está en La Ceiba del Salado. Un pueblo que baila entre seguir siendo una comunidad rural que ve pasar los autobuses cargados de turismo y que fue bordeada por lujosos hoteles resorts y que hoy día recibe la amenaza de ser congelada en el ostracismo prohibiéndole acceso al desarrollo. Los moradores advierten saldrán a la calle. No con palos, no con piedras.. Sino con dignidad y por el futuro. Y con una exigencia clara: _Queremos desarrollo también_.
No queremos ser zona agrícola. Queremos ser zona urbanizable. Y tienen razón para gritarlo. Aquí no se vive del arroz. Aquí no se vive de la habichuela, ni del guandul, ni del maíz.
Aquí se vive del turismo. Del hotel, del tour, de la villa, del empleado que madruga a limpiar habitaciones.
Entonces ¿Por qué a Bávaro sí le toca el cemento, las inversiones, las calles, y a La Ceiba le quieren poner etiqueta de «campo»?
El nuevo Plan de Ordenamiento Territorial quiere declarar esa zona como agrícola.
La gente dice: _eso es condenarnos a ser patio trasero para siempre_.
Es decirnos: «ustedes siembren, que el dinero se queda en la playa«.
El desarrollo no puede tener apellido
Don Piponio termino el poco de café que le quedaba en el pozuelo de un solo sorbo. Respiro y concluyó diciendo:
Punta Cana no creció por milagro. Creció porque el desarrollo se regó.
Llegó a Verón. Llegó a Friusa. Llegó a El Cortecito. Ahora que toca en La Ceiba del Salao, ¿vamos a ponerle freno?
¿Vamos a decirle a esa comunidad: «quédense sembrando, que aquí no hay espacio para ustedes»?
Eso no es ordenar. Eso es excluir con mapa en mano.
Lo que pide la gente es simple
Me despedí sin poder decir casi nada ante la impotencia que vi en su rostro, ante una zona que se siente como el cacique Higüey ante la llegada de Juan de Esquivel.
No están pidiendo regalos. Están pidiendo oportunidad.
Que el progreso que pasa por la Autovía no los brinque.
Que si el turismo trae dólares, que también toque en su casa.
Que sus hijos no tengan que irse a 2 horas para vivir dignamente.
Ponerle «zona agrícola» a una tierra rodeada de hoteles es como querer sembrar yuca en el lobby de un resort.
Durante medio siglo, la agricultura ha sido para La Ceiba un oficio doméstico en el banquillo de espera hasta ser parte del desarrollo del turismo.
Señores, ordenar no es repartir castigos.
Ordenar es planificar para todos.