Por: Genesis Lara
“Después de ocho años en la oscuridad de La Victoria, una comida digna me hizo sentir humano de nuevo.” exponen los internos
LAS PARRAS, RD – En el rígido mundo penitenciario dominicano, donde el hacinamiento y la violencia parecen normalizarse, una historia inesperada emerge desde el Centro Correccional y de Rehabilitación (CCR) Las Parras.

Un interno, luego de ocho años de castigo y lucha diaria en la Penitenciaría Nacional de La Victoria, relata cómo un simple plato de comida cambió la perspectiva de su vida y su proceso de reinserción.
En La Victoria, donde la corrupción y el descontrol parecían gobernar, la supervivencia dependía más del poder y la fuerza que del deseo de rehabilitarse. Sin embargo, en Las Parras, este preso encontró un ambiente diferente: limpieza, orden y un trato humano que, según confiesa, nunca había experimentado en años. La comida, servida en platos plásticos sellados, entregada con protocolos que garantizan higiene y respeto, simboliza para él mucho más que nutrición; es el reflejo de una dignidad recuperada.
El comedor, equipado con largas mesas y supervisado por personal capacitado, permite a los internos comer con tranquilidad y orden. Este cambio, asegura, ha impactado su sueño y su ánimo: “Dormí muy bien… el trato que me están dando es agradable”, afirma con una mezcla de emoción y vulnerabilidad.
Aunque la distancia y la nostalgia por su familia pesan, este hombre ve en Las Parras un verdadero centro de reinserción, lejos del caos y la corrupción que marcaban su vida en La Victoria.





