El semáforo que regula el avance o estancamiento del desarrollo en República Dominicana ha cambiado hoy se rojo a amarillo…, y con la puesta en marcha definitiva del proyecto de digitalizar las permisologías pasaremos de amarillo a verde para descongestionamiento el progreso.
El Ministerio de Medio Ambiente acaba de hacer algo que llevábamos años pidiendo a gritos: digitalizar el sistema de permisología. Y no, no es un detalle administrativo. Es un antes y un después para el desarrollo del país.
Durante demasiado tiempo, la burocracia fue el impuesto más caro que pagamos. Miles de millones de dólares en inversión local y extranjera han estado literalmente paralizados en un lobby. Carpetas físicas, sellos, firmas que no llegaban, técnicos sobrecargados y procesos opacos. Un permiso ambiental podía tardar 8, 12, hasta 18 meses. En ese limbo murieron proyectos hoteleros, energéticos, logísticos y de infraestructura. Murió empleo. Murió confianza.
Esa lentitud no es neutral. Es peligrosa. Cuando un inversionista tiene que explicarle a su casa matriz que el capital está congelado porque un expediente no se mueve, la decisión es simple: se lo llevan a otro país. Costa Rica, Panamá, Colombia. Todos compiten por lo mismo y muchos ya digitalizaron. Nosotros estábamos jugando con reglas del siglo XX.

¿Qué cambia con la digitalización?
1. Velocidad: Un sistema digital permite trazabilidad en tiempo real. Se acaba el “su expediente está en jurídica” sin fecha ni responsable. Los plazos se vuelven medibles y exigibles.
2. Transparencia: Cada paso queda registrado. Se reducen los espacios para la discrecionalidad y el tráfico de influencias. El que cumple, avanza. Sin atajos ni padrinos.
3. Predictibilidad: Los mega proyectos necesitan cronogramas serios. Con respuesta rápida de permisos, el flujo de caja se proyecta, los bancos financian y los empleos se activan.
4. Descongestión: Técnicos liberados de cargar carpetas pueden dedicarse a evaluar, fiscalizar y proteger. Que es su verdadero trabajo.

Esto no significa “luz verde” para todo. Significa reglas claras y respuesta a tiempo, sea sí o no. La sostenibilidad no está reñida con la eficiencia. Al contrario: un Estado ágil protege mejor, porque supervisa en vez de trancar.
El estancamiento de la permisología nos ha costado demasiado. Turismo que no se construyó, zonas francas que no llegaron, energía renovable que sigue en planos. Hablamos de miles de millones de dólares en pausa y decenas de miles de empleos que nunca nacieron por la absurda espera en el lobby de una institución.
Digitalizar el Ministerio de Medio Ambiente es destrabar al país. Es decirle al capital serio: “Aquí se respeta el tiempo”. Y el tiempo, en inversión, es literalmente dinero.
Ahora el reto es implementarlo bien: plataforma estable, personal capacitado y sanciones para quien quiera mantener el viejo desorden. Si lo logramos, este paso no será solo un avance administrativo. Será un catalizador de desarrollo.
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