«Miles de millones de pesos rodando, de un presupuesto que carga la mayoría del pueblo sobre sus cabezas y los mueve en cuclillas unas veces y de rodillas otras, hacia el confín que ordene el emperador de turno.»
Por: Efren Garrido/ Opinión Destacada
SANTO DOMINGO. RD – Debiera iniciar este escrito hablando sobre lo que miro como algo a lo que la vista propia tiene o procura palpar visualmente, pero no, mi entorno lo palpo a diario, aunque hay algo que me queda lejos, muy lejos, mi tierra, donde nací, y la que siento cada día más como parte importante.
Miro nuestra amada República Dominicana, convertida en un país acomodado a la reacción por la inacción.
No hay acciones que verifiquen un sostenido desarrollo integral a todos los ámbitos de la economía nacional, crecimiento si, con mucha deuda pública incluida como parte del paquete. El poder Ejecutivo, ejercido por un presidente que cambia o sigue cada cuatro años, maneja un presupuesto nacional a discreción, siempre contando con las necesidades de mayor crecimiento y desarrollo para empresas y propietarios, que a la población que sostiene a duras pruebas esa economía que cada día les asfixia más y más.
Cada día se anuncian proyectos nuevos que supuestamente serán parte de las infraestructuras públicas nacionales. Muchas veces, y casi en todas, solo quedan en eso, en proyectos, nada de obras a las que el pueblo pueda tener acceso a su uso y disfrute. Se repite una y otra vez este modelo hipócrita de vender puentes a ciudades sin ríos. Anunciar la construcción de nuevas infraestructuras públicas a ejecutar y no hacerlas, es una costumbre que se ha arraigado en las esperanzas de la población como una desilusión a un mejor porvenir.
La proporcionalidad en la colocación de los fondos públicos es dispar, construir un hospital en una provincia que lo necesite, se convierte en un ruego tal y dura tanto tiempo para hacerse, que cuando viene a ser una realidad, han pasado tantos años que viene a ser obsoleto el mismo, por el aumento poblacional que ha crecido en el tiempo en que se espera, años, hasta décadas. La salud pública preventiva está ausente en casi todas las provincias del país, en donde las unidades de atenciones primarias, sufren de la ausencia de todo, hasta de un local diseñado para tales fines y construido con calidad.
La educación pública, otro letargo, tanto a nivel de infraestructuras en sentido general, con muchas a media asta para ser terminadas, como si tuvieran un duelo permanente. Miles de millones de pesos rodando, de un presupuesto que carga la mayoría del pueblo sobre sus cabezas y los mueve en cuclillas unas veces y de rodillas otras, hacia el confín que ordene el emperador de turno.
Se anuncian nuevos planes a diario, se llenan miles y miles de páginas de intangibilidades.
Ya el pueblo ni atención les presta. El pueblo procura mejor, obtener un seguro médico privado por la falta de eficiencia en los servicios médicos públicos, busca la manera de mediante el pluriempleo, alcanzar a empujar sus gastos fijos mensuales, a ver si en algún mes u otro, logra alcanzar cubrirlos sin déficit, como de costumbre siempre pasa. No importa en cual universidad se estudie, pública o privada, la garantía de conseguir un empleo digno que se ajuste a lo estudiado, es escasa o mínima, miles de estudiantes se gradúan en universidades nacionales, y terminan emigrando, prefiriendo ganar dinero en moneda dura, aún no ejerzan la carrera, que esperar una década o dos para poder comprarse un vehículo y una vivienda.
Esa emigración es la que sostiene mediante sus remesas, parte de la economía nacional, monto que ha llegado a ocupar una posición importante dentro del producto interno bruto del país.
No hay una relación entre las carreras ofrecidas y la demanda del mercado laboral.
La cantidad de médicos activos por cada cien mil habitantes en nuestro país sigue estando al final de la lista, seguimos siendo el país de América Latina que menos médicos de atención directa al paciente tiene por cada cien mil habitantes. Pero si dificultad tiene usted para graduarse de medicina, más difícil le será concursar para una especialidad en el país o lograr una beca pública para especializarse en el extranjero, la gran mayoría pasan meses sin recibir un centavo público en países lejanos.
Pero mayores vericuetos tendrá si al final se hace especialista y decide abrir su propio consultorio en una clínica de las ya instaladas, debe buscar millones de pesos para la renta y equipamiento del espacio; imagínese usted, buscar dinero sin haber producido un centavo aún. En este escrito he tratado someramente dos puntos de nuestra economía, Educación y Salud; si extrapolamos esto al resto, podremos darnos cuenta que tenemos dos países, el del 10% que vive bien, y el restante 90% que se lo está llevando Lucifer, como dicen, por no tener esperanzas ni posibilidades de cambios fundamentales en su diario vivir y proyección de futuro.
Así de sencillo, eso es lo que miro, aunque no quisiera mirar esa realidad, debiera ser otra cosa lo que mire yo, pero nada, si usted quiere comprobarlo, procure cualquiera de estos dos servicios mencionados para que vea si es verdad que el gas pela.







