Las 800 el barrio donde salir a la calle es un riesgo mortal

Delincuencia, basura e inundaciones convierten a este sector en un infierno cotidiano

Redacción PCP
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Por: Nathalia Taveras 

“A las 6 de la mañana te atracan, a las 8 de la noche ya estás trancado: aquí no se vive, se sobrevive.”

LOS RÍOS. DN – RD El miedo no descansa en Las 800. Los residentes de este sector del Distrito Nacional viven atrapados entre dos fuegos: la creciente ola de delincuencia y el abandono estructural por parte del Estado. De noche, se autoimponen un toque de queda; de día, caminan con miedo. La calle La Trinchera fue escenario del último asalto que encendió las alarmas: una pareja fue encañonada frente a su propia casa. La comunidad, desesperada, denuncia que los patrullajes son ineficaces y que los delincuentes operan como si controlaran el territorio. “Esto parece tierra de nadie”, aseguran.

Pero el crimen no es el único enemigo. La cañada Las 800, convertida en cloaca abierta, arrastra basura, pestilencia y enfermedades. Las lluvias convierten sus desbordes en pesadillas: lodo, casas inundadas, y hasta muertes. A eso se suma la basura acumulada en las calles, el colapso del servicio de agua potable, y la precariedad de viviendas al borde del colapso. Vivir aquí es una batalla diaria contra la desidia.

Los vecinos señalan que el abandono institucional no es nuevo, pero ha empeorado. “El ayuntamiento no hace nada. El agua llega cuando quiere. Y la policía, si pasa, lo hace de adorno”, dice Miguel Ángel, un residente con más de 15 años en el barrio. La falta de servicios básicos convierte el día a día en una carrera de obstáculos para quienes solo quieren vivir con dignidad.

Aunque la CAASD ha iniciado trabajos de canalización y mejora del entorno, el proceso avanza a paso lento. La construcción de un parque y la reubicación de familias en zonas más seguras son parte del plan, pero el escepticismo domina. La gente necesita soluciones, no promesas. Las lluvias no esperan, el crimen tampoco. Y Las 800, mientras tanto, sigue hundiéndose.

Las autoridades tienen en sus manos un barrio que resiste, pero que ya no aguanta más. Las 800 no pide lujos, solo condiciones mínimas para dejar de sobrevivir y empezar a vivir. Sin seguridad, sin salud, sin dignidad, lo único que florece es la desesperanza.

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