LA FARSA DE LAS CLAUSURAS DEL COBA

Luces, resorts y ostentación… pero detrás del telón, el caos sigue ganando.

Karla Silverio
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«Aquí, tener valores cuesta caro… o simplemente cuesta demasiado.»

VERON, PUNTA CANA. RD. — Todo comenzó como empieza un teatro de mala muerte: solo le da risa a los actores mientras el público está obligado a consumirles el mismo y repetido espectáculo. Ante el mundo, una ciudad de la que se habla maravillas: PUNTA CANA.

Pero detrás del telón hay un mal que corroe al ciudadano de bien, porque aquí parecería que vivir con valores cuesta caro… o simplemente, ser civilizado cuesta caro.

Recientemente, el COBA —ese que parece más un actor secundario que una autoridad— cerró temporalmente más de 20 bares en las avenidas España y EE.UU.. Un acto que, para cualquiera, parecería redentor… pero todos sabemos que a los tres días esos bares abrirán de nuevo con el mismo bochornoso espectáculo: ruido sin control, desorden en las calles y vecinos que ya no saben a quién reclamar.

¿Qué cómo lo se?
Los casos están ahí, a la vista de cualquiera que quiera buscarlos. No fue hace ni un mes que el COBA clausuró bares en la Doble Vía, bajo contratos en los que se prometía respetar linderos, controlar el volumen y mantener vigilancia. ¿El resultado? El ruido volvió, los contratos se rompieron, y esta vez nadie regresó a supervisar.

Que no sorprenda a nadie cuando pase lo mismo.
Porque aquí la pregunta no es “qué hará el COBA”, sino: ¿Quién está detrás de todo esto?
¿Qué mano tan poderosa hace que incluso el Ministerio de Medio Ambiente y las autoridades municipales se hagan de la vista gorda?


Algunos vecinos murmuran que es un militar con demasiado poder. Otros dicen que hay empresarios intocables moviendo los hilos. Pero yo quiero saber qué dice usted… ¿seguiremos tragándonos esta obra barata o alguien, por fin, se atreverá a bajar el telón?

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