Cuando la imprudencia mata más que un arma en el Seibo

La desigualdad vial se cobra dos vidas que jamás se cruzarían, excepto por la tragedia

Redacción PCP
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Por: Génesis Lara 

“Los motores no rugieron, las bocinas no advirtieron, solo hubo un estruendo, un grito contenido y dos cuerpos que ya no respiran en una vía que sigue matando.”

LA GINA, EL SEIBO. RD – Lo que comenzó como un día común terminó teñido de tragedia este domingo en la carretera La Gina, que conecta Miches con Sabana de la Mar. Una colisión entre una yipeta Mercedes-Benz blanca y una motocicleta dejó un saldo fatal: la muerte inmediata de una mujer identificada como Odalia Reyes y de un bebé de tan solo siete meses.

Odalia, una joven trabajadora conocida en su comunidad por laborar en el centro de recreación “El Manguito”, transitaba en una motocicleta Nipponia Brío cuando fue embestida por la lujosa yipeta que transportaba a una pareja junto a su hijo menor. El impacto fue tan brutal que tanto Reyes como el infante perdieron la vida en el acto. Los padres del menor, Sebastián Labaas y María Natanael, se encuentran ingresados en estado delicado en el Hospital Antonio Musa de San Pedro de Macorís.

Aunque las autoridades aún no han ofrecido una versión oficial sobre la causa directa del accidente, testigos y residentes aseguran que la carretera —con curvas ciegas, poco señalizada y de mantenimiento precario— ha sido escenario de múltiples tragedias. En esta ocasión, se enfrentaron dos mundos distintos sobre el mismo asfalto: una motocicleta modesta y una yipeta de alta gama, con consecuencias devastadoras.

Este hecho ha sacudido emocionalmente a toda la comunidad de La Gina. La pérdida de una madre luchadora y de un bebé que apenas iniciaba su existencia dejó en estado de duelo a una zona que ya está marcada por la falta de respuesta estatal. En barrios como Los Guandules, donde residía Odalia, el dolor se mezcla con la indignación: sienten que estas muertes pudieron evitarse con mayor vigilancia y mejores condiciones viales.

Más allá del impacto emocional, este evento pone en jaque a las autoridades de tránsito, al Ministerio de Obras Públicas y a los organismos de seguridad vial. Cada día, cientos de personas cruzan carreteras similares en motocicletas sin cascos, sin luces y sin más protección que la esperanza de llegar. La circulación de vehículos potentes en rutas mal diseñadas, con cero regulación, expone a comunidades enteras a una ruleta rusa mortal.

Esta tragedia no solo enluta a dos familias, sino que envía un mensaje claro: la falta de acción en nuestras vías rurales no solo margina, sino que mata. El sector transporte, las autoridades viales y los municipios deben responder con más que comunicados: con medidas concretas que prevengan, protejan y sancionen antes de que otra curva se convierta en tumba.

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