Por: Nathalia Taveras
«La inteligencia artificial avanza sin freno en Latinoamérica: genera riqueza, desplaza trabajos y redefine el futuro laboral y educativo.»
MONTERREY. MX – Más del 85 % de las empresas en América Latina ya utilizan inteligencia artificial en al menos un área de sus operaciones, reveló el especialista en marketing digital Juan Lombana durante la conferencia Aula SOC, celebrada en Monterrey. El dato confirma que la región ha dejado de mirar la IA como una curiosidad tecnológica para convertirla en un motor empresarial.

Lombana, considerado por Google como uno de los mejores digital marketers del mundo, explicó que los sectores más transformados son ventas y comercio, donde la IA ya es “copiloto” para vender más, reducir costos y ganar tiempo. Sin embargo, advirtió que la automatización no es gratis: desplaza trabajos humanos y exige una adaptación urgente de la fuerza laboral.
El impacto va mucho más allá del comercio. Según Kent Walker, presidente de Asuntos Globales de Google & Alphabet, la inteligencia artificial ya se emplea en salud, gestión de agua y ciencia de materiales, consolidándose como tecnología de uso general. La previsión es clara: para 2026, el 100 % de las empresas de la región tendrán al menos un proceso asistido por IA.
La educación es el nuevo campo de batalla. Guillermo Parás, especialista del programa Kumon México, subrayó que los jóvenes deben pasar del uso lúdico al formativo de estas herramientas. Su propuesta: combinar métodos tradicionales con plataformas digitales como Connect, que permiten un aprendizaje flexible y autónomo. La OIT y el Banco Mundial alertan que entre 2 y 5 % de los empleos de la región podrían desaparecer totalmente por la automatización, golpeando con más fuerza a mujeres y jóvenes.
México lidera la adopción regional: entre 2018 y 2024 el número de empresas que implementaron IA creció 965 %, según el QS World Future Skills Index 2025. Mientras tanto, un informe de SAP indica que 55 % de compañías latinoamericanas planea aumentar inversión en IA este año. El desafío es doble: aprovechar el potencial innovador y económico de la tecnología, pero sin dejar que se convierta en un tsunami de desigualdad laboral y educativa.





