«El Caribe mexicano enfrenta una de sus peores temporadas de sargazo en años, con un arribo masivo de algas que amenaza la experiencia de los turistas y complica las operaciones turísticas en destinos clave como Playa del Carmen y Cancún.»
PLAYA DEL CARMEN.– La Secretaría de Medio Ambiente de Quintana Roo confirmó este miércoles que el volumen de sargazo recolectado en lo que va del año ya supera las 20.000 toneladas, una cifra que casi alcanza el total del año anterior y que podría crecer hasta un 40 % en los próximos meses, según las proyecciones de la Red de Monitoreo de Sargazo.
El fenómeno, que cada año afecta las costas del Caribe entre marzo y octubre, ha golpeado especialmente a zonas como El Recodo y Punta Esmeralda, donde se desplegó un operativo emergente con apoyo de la Marina, autoridades locales e incluso personas sentenciadas por delitos menores que realizan labores de limpieza para conmutar sus penas.
José Gómez Burgos, secretario de la Cooperativa Turística del Mar Caribe, reconoció que el impacto ha sido fuerte y provocó cancelaciones y cambios de itinerario en abril. Sin embargo, expresó confianza en una recuperación durante julio y agosto, meses en los que el clima suele favorecer una disminución del sargazo.
Pese a la situación, las actividades como el buceo y la pesca continúan con normalidad en aguas profundas, donde la macroalga no tiene presencia. No obstante, operadores turísticos han tenido que modificar los puntos de embarque para evitar que los visitantes crucen áreas contaminadas.
Desde la playa del Recodo, la funcionaria municipal Samantha Álvarez reportó que solo en Playa del Carmen se han recolectado 8.000 toneladas en lo que va del año. “Nunca queda 100 % limpia. Lo que hacemos es mitigar el problema para evitar que apeste y siga afectando la experiencia del visitante. Todo depende del clima”, afirmó.
En medio del repunte turístico que vive México —con 45 millones de visitantes internacionales en 2024, un 7,4 % más que el año anterior—, el sargazo vuelve a plantear un reto urgente para los destinos del Caribe, que dependen en gran medida del turismo costero para su dinamismo económico.





