La creación de un grupo de trabajo conjunto para fomentar el intercambio comercial y las inversiones suena muy bien en el papel, pero la historia nos enseña que las promesas en este ámbito suelen desvanecerse rápidamente. Ambos países tienen mucho que ganar, pero también muchas barreras que superar. La República Dominicana, con su potencial productivo, y Ecuador, con sus recursos naturales, parecen tener un terreno fértil para la colaboración, pero la realidad del comercio internacional es a menudo más compleja.
La pregunta que queda en el aire es si este acuerdo será una mera formalidad o una verdadera oportunidad para transformar nuestras economías. Las expectativas son altas, pero el tiempo dirá si este es el inicio de una fructífera relación comercial o solo un intento más de llenar espacios en agendas políticas.